Posterous theme by Cory Watilo

Filed under: educación

Saber inglés no es necesario... para gobernar nuestro país, claro, no para otras cosas

Saber inglés no es requisito imprescindible… Para gobernar nuestro país. Para cualquier otra profesión, sí lo es. Para hacer de camarero en la Costa Brava o en la Costa de Sol y ganar 800 euros, sí lo es.

Comentario totalmente acertado acerca de la preparación de nuestros dirigentes. ¿Quizás tenemos lo que nos merecemos?

Enseñar a ser feliz

Llevamos algún tiempo en que parece que todo o casi todo nos sale al revés. Y digo al revés, y no mal, porque cuando pienso en estas cosas me gusta recordar esa historia del granjero chino al que le van pasando cosas, que en un principio pueden parecer buenas o malas, pero cuyas consecuencias hacen que lo que a priori podía parecer un golpe de suerte derive en algo perjudicial, o viceversa.

Una de esas cosas que no para de salirnos al revés es la inscripción escolar de nuestro hijo. Queríamos que entrara en un determinado colegio, porque todo el mundo nos lo había recomendado, pero a pesar de intentar con empeño todo a nuestro alcance para conseguirlo parece que no hacemos más que ir en la dirección contraria.

Hoy me he parado a pensar un poco sobre el tema. ¿Y qué si nuestro hijo no va a ese colegio? Parece que la calidad de la educación que recibirá será peor, ¿qué puedo hacer para solucionarlo? ¿Puedo involucrarme en el AMPA y en su trabajo diario para conseguir que llegue a la universidad con una formación adecuada? Por un momento mi línea de razonamiento siguió por este camino, pero luego me pregunté por algo más importante, por la razón final de mi determinación: ¿por qué estoy tan empeñado en darle una buena educación a mi hijo? La respuesta me pareció obvia: por lo mismo por lo que le doy todo lo demás, porque creo que contribuirá a hacerle feliz, porque quiero que sea feliz.

Pero si en realidad lo que quiero es que sea feliz, ¿una buena educación ayudará? La cruda verdad es que no tengo ni la más mínima idea. Pensamos que una buena formación lo ayudará a encontrar un buen trabajo, a ganar dinero y que eso le proporcionará felicidad, pero la verdad es que está demostrado que una vez superado el umbral de supervivencia la felicidad tiene poco que ver con el dinero. Además, y esto es aplicable a cualquier aspecto de nuestra vida, no tenemos ni idea de las consecuencias que provocarán nuestros actos, y recordando el caso del granjero chino, algo que hacemos con la mejor de las intenciones puede tener consecuencias nefastas.

Por otro lado, mi experiencia y el hecho de comprobar el acierto de refranes como "No es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita", o "Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad" (éste es especialmente inquietante) me hacen pensar cada vez más que la clave de la felicidad no está en el exterior, en las cosas que podemos poseer o conseguir, sino en el interior, en nuestra capacidad para aprovechar lo que tenemos y aceptar las cosas que nos pasan no como buenas o malas, sino como retos que superar.

Así que una vez llegados a este punto tengo claro una cosa: no quiero darle una buena educación a mi hijo. No quiero darle juguetes, o alimentarlo bien. Ni siquiera quiero vestirlo. Lo que realmente quiero y tengo que hacer es enseñarle a ser feliz.

El problema precisamente es que ahora tengo claro lo que quiero hacer. El objetivo se presenta ante mí obvio, diáfano, pero ¿cuál es el camino? Nadie me enseñó a mí a ser feliz, es más, creo que nadie en realidad se plantea de forma explícita enseñar a sus hijos a ser felices. Así que ahora me siento perdido y confuso. Es fácil recorrer un mal camino, si lo conoces palmo a palmo, porque todos los que tienes a tu alrededor lo recorren, porque es el camino que te han enseñado a recorrer; pero ¿cómo recorrer el camino bueno, si vas a ciegas y no sabes si el próximo paso te precipitará al vacío porque eres el primero que lo recorre? Así que aquí estoy, plantado en la oscuridad ante un camino incierto y difuso, preguntándome cuál debería ser el primero paso...

¿Alguna sugerencia sobre como enseñar a mi hijo a ser feliz?

La lotería de la educación

Hace poco estuve con mi mujer hablando con la directora de la guardería a la que llevamos a nuestro hijo, para pedirle consejo acerca de los colegios de Castelldefels. Más que darnos una opinión acerca de la calidad de la enseñanza en los colegios (cosa que hizo) nos explicó cómo era nuestro hijo en el día a día de la guardería, y qué colegio podía encajar más o menos con su forma de ser y con sus necesidades a la hora de tener una buena educación.

En contraposición a esto tenemos el maravilloso sistema escolar de preinscripción. Para los que no hayáis pasado por él, se basa en un sistema de asignación de puntos, en el que lo que tiene más valor es que haya algún hermano en el colegio o la proximidad al centro escolar. Esto, que a priori puede parecer lógico, en la práctica se convierte en un sistema totalmente arbitrario para asignar niños a un centro o a otro, ya que la proximidad se valora en función de zonas definidas por la administración que cortan el territorio en puntos totalmente arbitrarios y que no hacen más que crear situaciones totalmente absurdas.

En Castelldefels por ejemplo hay calles en las que un niño no puede ir al colegio que está en la acera de enfrente porque la línea divisoria cruza su calle, teniendo que desplazarse a colegios que están a bastante distancia de su casa. Supongo que esto no pasará solamente en Castelldefels, ya que es una consecuencia del sistema de zonificación.

Si a esto unimos que no se tiene para nada en cuenta las características del niño, y que a igualdad de puntos entras en un sorteo para luchar por una plaza, la sensación final es que estás poniendo algo tan importante como la educación de tu hijo en las manos de la suerte.

No me gusta el juego, y si alguna vez tuviera que jugar creo que nunca se me pasaría por la cabeza poner sobre el tapete en una apuesta la educación de mi hijo. Sin embargo esa es la sensación que tengo: señores, hagan su apuesta, porque de aquí a poco se sortea el futuro de su hijo.

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